Un aprendizaje con finalidad.

7/17/2010


Siempre que me subo al mundo, lo trepo desde el comienzo de mi sombra hasta la luz en mi pelo, me elevo y caigo sobre mis pies de viento y arena de nuevo. Así, como dijo Neruda, "el inagotable río de las cosas" llega a mí, como un aliento de su tibio aletear.
Lo que ha de llegar sobre esta tierra blanda de mí, serán y han sido las semillas, todas y cada una en su pureza divina me integran. Considero que Witman lo sabía también, él, junto a la grandeza de un campo con caballos en libertad fueron testigos de todo este viento de las simples cosas, llegando.

Un joven anciano, albañil, y con una vida misteriosa por cortesía, apareció hoy en mi camino, sus marcados 87 años no eran ni el comienzo siquiera de su alma, todo siempre más allá de lo evidente. El viejo habló y dijo: tienes twenty nine...

Así es, Este anciano, que nunca salió de Argentina, en plena Guerra Mundial decidió comprender lo que sucedía en el mundo (lo que contaban aquellos viejos cuadernos) con sus 20 años apenas, en aquel entonces, mientras trabajaba en un campo como peón, comenzó un curso de inglés a distancia, por correo ordinario. Sólo con aquella finalidad de entender que le sucedía a la tierra a finales de 1945. Luego, Dust in the wind, el modismo de su lengua natal diluyó lo que había aprendido y la utilidad de su aprendizaje se disfrazó de ladrillos con los que siguió su carrera de albañil.

Sin dudas, agradezco la sorpresa y su historia.



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