¿En que se detecta realmente una buena constitución?
En que un hombre bien constituido agrada a nuestros sentidos, en que está hecho de una madera que es, a la vez, dura, suave y perfumada. Sólo le gusta lo que favorece a su salud: cuando algo rebasa la medida de lo saludable, deja de agradarle y de causarle placer. Da con remedios contra lo que le perjudica, saca provecho de sus adversidades; lo que no le mata lo fortalece. Hace instintivamente una síntesis muy personal de todo lo que ve, oye y vive; es un principio de selección, deja de lado muchas cosas. Se encuentra siempre rodeado de lo que le es propio, ya se trate de libros, de personas o de paisajes, ya que honra lo que elige, lo que acepta y aquello en lo que confía. Responde a todo tipo de estímulos con la lentitud que le han inculcado una larga prudencia y un orgullo deliberado; examina el estímulo que le sale al paso, pero no hace nada para salir a su encuentro. No cree ni en la “desgracia” ni en la “culpa”: está a buenas consigo mismo y con los demás; sabe olvidar; es lo bastante fuerte como para que todo haya de suceder de la forma que más le conviene.
Ecce Homo – 1888
Frieddrich Nietzsche.
Nota personal: Lo que arrastra el tiempo en su ciclo circular son las decisiones que tomamos, que pueden o no ser superación. Al volver una y otra vez el tiempo, somos por excelencia: creadores. Las palabras marcadas con negrita pueden o no, ser una determinación definitiva, pero el tiempo estará allí, para probarte de nuevo y dejarte elegir lo que realmente eres y puedes Ser.
El tiempo no te conoce, vuelve una y otra vez a preguntar tu nombre... Si tú te conoces sabrás decirle, aquí estoy, este soy y seré.












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